En este Día Internacional de la Alfabetización se pone el acento en que la educación es un derecho fundamental que genera oportunidades para garantizar la inclusión social y/o laboral, un reto al que el equipo para pisos de jóvenes extutelados de entre 18 y 21 años de Lleida da respuesta impulsando diferentes formaciones que los empoderan y tejen vínculos con la comunidad.
El anhelo de forjar una vida mejor impulsa cada año a miles de personas a dejar atrás su tierra natal y a su familia para embarcarse en una travesía hacia una ciudad y sociedad desconocida, en la que no conocen a nadie y a la que llegarán con una mochila donde cargan los traumas del duelo migratorio.
Una situación que está a la orden del día en los tres pisos para jóvenes extutelados, de entre 18 y 21 años, que desde Suara Cooperativa gestionamos en Lleida con la misión de transformar su realidad para que puedan construir una vida autónoma e independiente en la sociedad de acogida.
“El objetivo final de estos jóvenes es que se formen para que después puedan entrar en el mercado laboral con garantias de tener trabajo”, argumenta Elena Rojo, una de las educadoras sociales de Suara Cooperativa en este servicio.

Un reto que adquiere aún más trascendencia este 8 de septiembre, Día Internacional de la Alfabetización, decretado por la UNESCO para recordar que, en un mundo donde 739 millones de personas no saben leer ni escribir, dos terceras partes de ellas mujeres, la educación es un derecho básico al que todo el mundo debería tener acceso porque competencias como la escritura y la lectura son esenciales en todos los ámbitos de la sociedad al tiempo que fomentan la igualdad de oportunidades. Precisamente, este es uno de los principales obstáculos que se encuentra el equipo que gestiona los pisos de Lleida: muchas de las personas jóvenes que atendemos no estudiaron en la escuela en su país de origen y, esto, reduce el número de formaciones a las que pueden tener acceso.
Sin duda, la escolarización y el conocimiento de la escritura y la lectura son imprescindibles, pero desde Suara Cooperativa, que tenemos como misión transformar y mejorar la realidad de las personas, hemos podido constatar en nuestros servicios que, en pleno siglo XXI, también son esenciales el aprendizaje de otras competencias para alcanzar sociedades más justas y equitativas, que generen oportunidades para todo el mundo, especialmente para fomentar la inclusión social y laboral de aquellas personas que viven en una situación de mayor vulnerabilidad.
Una de ellas es la alfabetización digital para que nadie quede aislado de un sistema cada vez más informatizado. Ante un mercado laboral cada vez más competitivo y dinámico, también es vital dotar a las personas de conocimientos y herramientas para afrontar los procesos laborales. Además, en un mundo donde la cuarta parte de la población tendrá un trastorno de salud mental a lo largo de su vida, es imprescindible educar a las personas en la gestión emocional para que puedan construir estrategias positivas, sanas y beneficiosas para su bienestar emocional y psicológico.
Unos objetivos a los que, con una visión pionera, el equipo de Lleida da respuesta con un nuevo modelo de trabajo que aglutina bajo un mismo paraguas tres ejes transversales que se implementan en estos pisos para jóvenes extutelados. Se tratan de la inserción laboral, la innovación y el bienestar, una tríada indivisible que, también, incluye actividades en grupo con jóvenes de todas las viviendas. Esto conlleva que estos jóvenes adquieran nuevas herramientas que incrementan el impacto positivo de su proceso de transformación social. "Lo más importante de aquí es el trabajo que hacemos en equipo y que nos vamos coordinando todas las personas profesionales para detectar las necesidades de los jóvenes", expone Dúnia Moutarbi, educadora social de uno de los pisos para jóvenes de Lleida.
Esto se complementa con planes individualizados que se trabajan con cada una de las personas jóvenes a quienes se pone en el centro para que escojan el proceso vital y laboral que quieren construir y, así, también empoderarlas a través de la toma de decisiones, una forma de hacer que va en consonancia con el modelo de atención de Suara Cooperativa. En este sentido, Moutarbi señala que diseñan conjuntamente con cada persona su propio plan para impulsar sus habilidades y formación para que puedan construir un proyecto vital y laboral que el día de mañana les permita sostener una vida fuera del servicio: “Al final llegan a una ciudad nueva, que no conocen mucho y lo que hacemos es acompañar a estos jóvenes para que se les haga más fácil este camino, así como que ganen autonomía”.
Consolidar un proyecto laboral
La finalidad del recurso es que cuando una persona atendida llegue a los 21 años haya podido construir un proyecto laboral que le permita llevar a cabo una vida digna, autónoma e independiente, coincide la insertora laboral Fàtima El Ouazouz. “Lo que nosotras intentamos hacer, sobre todo, es dar mucha importancia a la formación previa de los jóvenes porque creemos que deben tener una base que les permita tener un trabajo estable y mantenerlo”, asegura El Ouazouz.
La barrera idiomática y el hecho de que la persona joven no haya tenido una escolarización previa en su país de origen, precisa El Ouazouz, son los principales obstáculos a los que nos enfrentamos cuando empezamos a acompañarlas en la materialización de su sueño. Por eso, en primer lugar, relata El Ouazouz, se le busca un curso donde pueda aprender la lengua de la sociedad de acogida, que será con la que se comunicará tanto en el ámbito laboral como personal.
El siguiente paso es acompañarla en la elección del plan formativo que más le conviene, según sus necesidades, habilidades o capacidades, entre otras. La realidad, sin embargo, según indica El Ouazouz, es que la mayoría acaban optando por formaciones básicas de peluquería, restauración o almacén porque no disponen de la educación secundaria ni primaria. Finalmente, se le da apoyo en la búsqueda de empleo y se las forma en cómo encarar los procesos de selección de personal para que puedan construir un proyecto vital fuera del piso, aunque los primeros meses pueden trabajar y seguir en el recurso.
Un proceso que lidera desde el inicio hasta el final la persona atendida, que es quien toma las decisiones en cada fase de su recorrido, reitera en diferentes ocasiones El Ouazouz. En este contexto, recuerda que como educadora social se limita a acompañarla, aconsejarla o darle apoyo en la búsqueda de aquellas soluciones que más le convengan, pero no interfiere en su toma de decisiones.
Precisamente, esta es la esencia del modelo de acompañamiento de Suara Cooperativa y de su valor de participación. En este sentido, no solo ponemos a la persona atendida en el centro, sino que la empoderamos generando espacios de participación desde donde decide y lidera su proyecto vital y laboral. “Nosotras la ayudamos y le decimos qué opciones tiene. Siempre intentamos que pueda elegir la opción correcta”, señala.
Rrompiendo brechas con la innovación
En un mundo donde la innovación avanza a un ritmo frenético, desde Suara Cooperativa ponemos al servicio de las personas la innovación, otro de nuestros valores fundamentales. Esto nos permite romper diferentes brechas como sucede en el modelo de acompañamiento que ofrecemos en este servicio, en el que capacitamos a los jóvenes para que puedan adquirir nuevas habilidades tecnológicas. A raíz de su situación de vulnerabilidad, las personas que atendemos en estos pisos difícilmente podrían tener acceso a las diferentes tecnologías, por lo que con la formación que les ofrecemos las ponemos a su alcance al tiempo que les enseñamos cómo utilizarlas, y esto dinamita dos brechas: la económica y la laboral.
En detalle, la innovación se pone al servicio de los jóvenes en dos proyectos. El primero de ellos se trata de la formación práctica de cómo fabricar diferentes materiales con impresoras 3D. Esta es una capacitación que les dota de habilidades diferenciadoras que pueden abrirles puertas en el mundo laboral. “Empoderamos a los jóvenes con una formación que es de aprender haciendo (learning by doing), es decir, que aprenden mientras hacen proyectos y, a través de estos, acaban adquiriendo conocimientos más amplios con salidas laborales”, indica Àlex Fernández, técnico sociolaboral y de fabricación digital.
De momento, han creado materiales como herramientas oftalmológicas para que personas profesionales de Senegal puedan hacer revisiones y detectar posibles problemas de salud visual; productos médicos para personas víctimas de los sismos de Venezuela o huertos verticales para potenciar una agricultura más sostenible. Unos proyectos que, más allá de contribuir a su formación, dan un sentido a su trabajo. A raíz de la apuesta de Suara Cooperativa de descentralizar la innovación para romper con las brechas digitales territoriales, estos materiales se han fabricado en la sede local de Lleida del Social Digital Lab, nuestro laboratorio de innovación social.
En el segundo proyecto no se les forma en nuevas capacidades tecnológicas, sino que se utiliza la innovación y, más en concreto, la realidad virtual e inmersiva, para prepararlos para situaciones que se encontrarán cuando vayan a buscar trabajo, como son las entrevistas laborales. Cabe destacar que esta herramienta permite recrear entornos y situaciones reales, por lo que se pueden trasladar hasta el despacho de una persona que está realizando un proceso de selección laboral. Esto les permite ver qué emociones les genera y cómo gestionarlas, ensayar las respuestas a posibles preguntas, prepararse sobre cómo deben actuar o comportarse, mejorar sus habilidades comunicativas; en resumen, trabajar las debilidades para sentirse más seguros.
"Es importante que la tecnología llegue al territorio para reducir desigualdades y crear oportunidades locales de formación y trabajo", sentencia Fernández.
Bienestar emocional y social, la base que sostiene el proyecto
Ahora bien, si queremos construir un proyecto laboral y vital consistente, es necesario que se sostenga sobre una base sólida: la del bienestar emocional y social. Uno de los principales cimientos que hay que reforzar con estos jóvenes es el de la autoestima, que se ha visto mermada por el viaje migratorio y/o por las diferentes situaciones de vulnerabilidad que les haya tocado vivir recientemente en una etapa vital de por sí complicada porque es el tránsito hacia la vida adulta, apunta Laura Cortés Teixidó, miembro del equipo de bienestar.
Por ello, asegura que debemos cambiar cómo aproximamos nuestra mirada hacia estos jóvenes. “¿Qué vemos en ellos y ellas? ¿Vemos los traumas o vemos la resiliencia? Si vemos la resiliencia en nosotros, la podrán ver ellos y ellas a través nuestro también”, señala Cortés, que añade: “Mira dónde estás y qué podemos aprender y qué podemos hacer a partir de aquí para que tu vida realmente sea digna y puedas tener esa vida que has venido a tener aquí y que creías que en tu país no podías tener”.
Dejar volar la creación artística en obras de arte, registrar en un Kit emocional palabras que nos ayudan a identificar nuestros sentimientos o construir un “Refugio” para nuestros recuerdos que nos pueden servir de anclaje en momentos difíciles son algunas de las actividades con las que Cortés ha trabajado procesos de autoconocimiento, de identificación y gestión de emociones.

Estar lejos de casa, en una ciudad desconocida y donde no tienes ningún familiar o amistad, puede conllevar un sentimiento de soledad que, sin duda, es uno de los principales retos de bienestar social al que debe enfrentarse el equipo de los pisos de inserción de Lleida. Con esta finalidad, las personas trabajadoras construyen puentes entre las personas atendidas, servicios sociales o entidades; al mismo tiempo organizan a lo largo del año diferentes actividades culturales o de ocio para generar un vínculo con la comunidad. “Tenemos jóvenes que vienen con una mochila de recuerdos muy duros y muy difíciles y, por lo tanto, es muy positivo que puedan llevarse recuerdos positivos y saludables”, remarca Cortés.
Inserción laboral y social son indisolubles en este servicio para jóvenes extutelados, donde valoran la importancia de que las personas atendidas construyan una red relacional y que esta siga viva una vez dejen el servicio. "Lo mejor es ver que, cuando se van y ya tienen su vida autónoma, continúan llamándonos o viniendo a vernos", concluye El Ouazouz, quien añade: "Más allá de conseguir un contrato de trabajo, lo que hemos creado es una red humana de apoyo que les acompaña siempre".