El servicio itinerante del Alt Empordà atiende desde personas atrapadas en la frontera, mujeres supervivientes de la trata o personas con empleo que no pueden pagar el alquiler en poblaciones turísticas; mientras que el servicio de duchas y lavandería de Palafrugell (Baix Empordà) acompaña, principalmente, a familias.

La belleza del paisaje costero del Empordà, donde los pinos recubren el mar, esconde realidades de extrema vulnerabilidadSituaciones de sinhogarismo que, lejos de ser homogéneasson más bien camaleónicas y se adaptan a la realidad de cada municipio. Por eso, desde hace casi dos años, Suara Cooperativa dispone de un servicio itinerante de calle en el Alt Empordà, así como de otro de ducha y lavandería en Palafrugell (Baix Empordà). Pero, ¿cómo empezaron a caminar?

En Suara Cooperativa tenemos como uno de nuestros valores esenciales la proximidad, tanto con las personas atendidas como con su entorno. Por ello, los primeros pasos de estos dos servicios se llevaron a cabo con una mirada desde el territorio y con el territorio, donde nuestra organización ya tiene experiencias previas porque gestionaba pisos para personas en situación de sinhogarismo, con necesidades de inclusión o apoyo puntual.

Unos recursos desde los cuales Marta Julián, directora de los servicios de sinhogarismo de la zona, y Pepi Ruiz, directora operativa, constataron que el Empordà es un cruce de caminos con múltiples realidades del sinhogarismo. A raíz de esto, desde Suara Cooperativa abrimos la mirada y vimos la necesidad de un vacío que se debía cubrir en el territorio: la atención a personas en situación de sinhogarismo o en infraviviendas ahí donde viven.

Una realidad, sin embargo, que queríamos abordar sumando esfuerzos con los entes locales para poder ofrecer soluciones más sólidas y robustas. Por ello, propusimos al Consejo Comarcal del Alt Empordà y a los ayuntamientos de Figueres y Palafrugell llevar a cabo un proyecto de intercooperación, que se ha financiado gracias a una subvención Convo del Departamento de Derechos Sociales e Inclusión.

Una colaboración que empezó a recoger sus frutos tres años atrás, cuando se desarrolló la primera fase, que consistió en un diagnóstico del sinhogarismo en la zona. Una de las primeras conclusiones que se extrajeron es que estas personas no conocían los derechos o los servicios y ayudas que tienen a su disposición. "Hacía falta un servicio itinerante que fuera un enlace de proximidad entre las personas en situación de sinhogarismo y la administración", expone Julián.

tendes de campanya on viuen persones en situació de sensellarisme a Roses

De una manera muy similar se expresa Marc Aguilar, profesional que se unió al proyecto desde sus inicios. "Nos dimos cuenta de que este desconocimiento se podía solucionar con dos profesionales que trabajaran en la calle y pudieran informar y asesorar a estas personas".

Una realidad que ha podido palpar ahora in situ porque en esta segunda fase del proyecto forma parte del equipo de integradores sociales que recorren las calles del Alt Empordà para llegar en la atención del sinhogarismo allá donde los pueblos más pequeños no pueden por la falta de recursos. "Les llevamos sacos de dormir, ropa de abrigo en invierno, en verano camisetas de manga corta, les ofrecemos apoyo alimentario puntual o hacemos de enlace para acompañarlos a los servicios sociales o al CAP", detalla Aguilar, quien añade que "lo más importante para poder apoyar a estas personas es crear un vínculo con ellas para ganarse su confianza".

Los rostros del sinhogarismo

Ahora bien, más allá de ofrecerles un apoyo, el trabajo de campo también ha permitido poner cara a las diferentes realidades del sinhogarismo en el Alt Empordà, que principalmente son hombres de entre 40 y 60 años.

Los municipios fronterizos como La Jonquera o Portbou viven atravesados por una dinámica social y territorial singular, donde el límite administrativo deja de ser una simple línea en un mapa para convertirse en un embudo humano, económico e institucional. Esta condición de límite no solo define la fisionomía de estas localidades, sino que condiciona de manera profunda la vida cotidiana de sus calles, transformándolas en escenarios de parada forzada y de coexistencia de realidades extremadamente vulnerables.

Por un lado, la frontera y la proximidad con Francia es un polo que atrae, pero que también atrapa. Las diferencias fiscales y de precios entre estados convierten a estos municipios en polos de atracción para un turismo de consumo rápido y transfronterizo. Esta asimetría tiene un impacto devastador en personas atrapadas en situaciones de adicción, que encuentran en Cataluña un acceso más económico y directo a determinadas sustancias, alcohol o servicios. Atraídos por esta diferencia de coste, muchos individuos acaban quedándose ancorados en una espiral de dependencia y marginalidad, desvinculados de su entorno de origen y sin acceso efectivo a redes suficientes de apoyo o de atención sociosanitaria. Ante esta situación, La Jonquera y Portbou absorben a esta población "flotante" sin los recursos suficientes (sociales, sanitarios o de seguridad) para poder atenderlos y acompañarlos.

En cambio, en poblaciones costeras como Roses o Sant Pere Pescador, el sinhogarismo está, mayoritariamente, relacionado con el turismo estacional y, una gran parte, son personas que trabajan, pero que malviven en un vehículo, una tienda de campaña o una infravivienda por la imposibilidad de pagar un techo.nes que treballen, però que malviuen en un vehicle, una tenda o un infrahabitatge per la impossibilitat de pagar un sostre. 

Hanae El Artab amb una persona atesa que viu dins d'un vehicle en un pàrquing gratuït de Roses

A este panorama, indica Hanae El Artab, profesional de Suara Cooperativa en el servicio itinerante, se suman mujeres "con historias de vida bastante complicadas", algunas de las cuales han llegado al país a través de redes de trata, de las que han conseguido salir. "Han acabado en la calle por diferentes motivos y terminan teniendo problemas de salud mental, adicciones muy fuertes y se ven metidas en un pozo del que les cuesta mucho salir", señala.

Además, cada vez hay un número creciente de personas mayores de 75 años que, con una situación previa social y personal frágil y, posiblemente a raíz de una enfermedad, han quedado en situación de exclusión social. Estos, explica Aguilar, son a los que van a ver más a menudo, ya que normalmente están más solos y necesitan hablar con alguien y compañía.

Los problemas de salud, sin embargo, no solo afectan a las personas mayores, sino también a jóvenes como Youssef Tahroui, quien abandonó en 2023 Marruecos en patera porque tiene una cardiopatía y allí no podía permitirse su tratamiento. Actualmente vive en una casa abandonada en Roses donde no tiene ni agua, recientemente ha regularizado su situación y el próximo octubre se podrá operar en un hospital de Girona. "Estoy estudiando catalán y ya tengo el nivel C", explica Tahroui, quien añade: "En enero espero poder trabajar. Soy joven. En Marruecos trabajaba de albañil, fontanero o pintor. Sé hacer de todo".

Hanae El Artab amb en Youssef Tahroui

 

Dignificar a las personas

Más allá de cubrir necesidades básicas, el proyecto también persigue dignificar la vida de las personas. Por ello, dos años atrás se creó el servicio de duchas y lavandería de Palafrugell (Baix Empordà), donde principalmente acompañan a familias y jóvenes que están solos.

Este servicio, según relata Consol González, integradora social de Suara Cooperativa, es un primer lugar de contacto para después derivarlos a recursos de la Cruz Roja, Cáritas o centros educativos, en el caso de las familias con infancia. "Antes, al no saber el idioma ni a dónde ir, no hacían nada", remarca.

Actualmente atienden de manera regular a unas 18 personaspero tienen derivadas entorno a 70 personas desde el Ayuntamiento de Palafrugell, al tiempo que asegura que el "boca a boca" hace mucho y también acogen a personas que se enteran de que existe el recurso. "El servicio está muy arraigado. Harían falta más horas de apertura y más lavadoras para atender a más personas", indica González.

Rentadora i secadora del servei de dutxes de Palafrugell

El mapa de la evidencia

A raíz de los datos registrados tanto en la fase de diagnóstico como los recogidos por el equipo itinerante, se ha elaborado un mapa donde se recogen las ubicaciones donde viven las personas en situación de sinhogarismo o infravivienda, así como su situación. Por un lado, este facilita el trabajo al servicio porque, entre otras cosas, les ayuda a programar las rutas; pero este también evidencia cuál es la situación real del sinhogarismo en la zona, lo que permite trabajar políticas públicas con los ayuntamientos o hacer incidencia política.

Una de las primeras conclusiones que se han podido extraer a raíz de la radiografía del mapa, argumenta Aguilar, es que las 25 horas del servicio itinerante son insuficientes porque solo atienden a entorno al 20% de la totalidad del sinhogarismo, ya que no pueden cubrir todos los municipios. "Nuestro objetivo es poder llegar a más gente todavía y dar a conocer más el servicio de itinerancia porque somos esenciales", defiende Aguilar. Para Julián, además, también es importante que se amplíe el número de servicios como el de lavandería y duchas, unos recursos que, como ya se ha apuntado, se han consolidado en Palafrugell.

Les dutxes del servei de Palafrugell

Los datos recogidos en el mapa, considera Julián, también aportan valor a la hora de sensibilizar sobre "las políticas salvajes de vivienda" que son insostenibles para la clase trabajadora y la sumergen en situaciones de exclusión social. "Hay que hacer un trabajo muy sistemático de recoger evidencias reales para elevarlas a los técnicos y políticos correspondientes para que lo puedan recibir como propuestas y medidas de cambio", argumenta Julián.

"Una persona mileurista no puede adquirir una vivienda", alerta El Artab, quien concluye: "Cuando una persona decide coger una tienda de campaña y dormir al raso es porque no tiene ninguna otra opción. Y una vez estás en la calle, salir no es fácil".