Con motivo del Día Internacional de la Familia, la mediadora intercultural de Suara Cooperativa, Daniela Trofin, explica la importancia de mantener los vínculos familiares durante su estancia en prisión y cómo se trabaja este acompañamiento desde el centro de Brians 1.
"Las familias, las desigualdades y el bienestar infantil". Éste es el lema que ha escogido las Naciones Unidas (ONU) para este 15 de mayo de 2026: Día Internacional de las Familias. Con este mensaje, la ONU quiere concienciar sobre cómo desigualdad económica puede hacer estragos en las familias y las infancias. Incluso separarlas por un tiempo como es aquellos padres o madres que han sido privados de libertad. En los centros penitenciarios catalanes hay cerca de 8.500 personas, de las cuales la mitad tiene hijos o hijas. En muchos casos, proceden de situaciones de vulnerabilidad que les han empujado a cometer un delito para cubrir las necesidades básicas de su familia. Por eso, no es casualidad que la mayor parte de la población penitenciaria catalana, el 41,81%, esté condenada por delitos de hurtos o contra el patrimonio (seguido por los crímenes contra la seguridad colectivo y salud pública); o que el 80% no vuelva a reincidir.
Como colaboradora del grupo de responsabilidad parental en Brians 1, Daniela Trofin, de Suara Cooperativa, trabaja para facilitar el ejercicio de la parentalidad y el mantenimiento de los vínculos familiares en el entorno penitenciario.
¿Cuál es la misión de este grupo?
La misión del Grupo de Responsabilidad Parental es garantizar que el ingreso en prisión no suponga una ruptura de los vínculos familiares. Trabajamos desde una perspectiva multidisciplinar, integrando a personas profesionales del trabajo social, la educación social, biblioteconomía, la psicología y la mediación intercultural, entre otros, para acompañar a los padres y las madres en el ejercicio de su función. Nuestro objetivo es doble: por un lado, preservar el vínculo afectivo y la presencia emocional del padre o la madre en la vida de sus hijos e hijas; por otro, fomentar la responsabilidad parental. Queremos que la persona interna, a pesar de la distancia física, se mantenga implicada en la educación y el bienestar de los menores, asumiendo sus obligaciones y entendiendo que su rol como referente sigue siendo esencial para el desarrollo de sus hijos o hijas.
Dentro de este grupo, Daniela, ¿cuáles son tus funciones?
Mi función como mediadora intercultural es facilitar la comunicación y comprensión entre el sistema penitenciario y las personas internas, especialmente con los colectivos de Europa del Este, Europa Central y Latinoamérica. Mi labor consiste en acompañarlos en la exploración y evolución de sus modelos de crianza. Trabajamos juntos para incorporar nuevas herramientas de educación consciente y métodos de resolución positiva de conflictos, adaptándolos a la realidad de cada familia. El valor de la mediación consiste, precisamente, en poner en diálogo su identidad cultural con estrategias que fomentan el buen trato, la escucha activa y una plena presencia emocional. No buscamos sustituir a sus referentes, sino enriquecerlos: sensibilizar sobre la importancia de un vínculo basado en el cariño y el respeto mutuo. Además, dinamizamos las actividades del grupo asegurando que la diversidad cultural de cada hogar fortalezca su rol educativo y la conexión con sus hijos e hijas.

¿Cuántas personas acompañáis actualmente?
Brians 1 es un centro de preventivos y esto implica una elevada rotación de personas. El grupo es un espacio muy dinámico, donde la cifra de participantes fluctúa constantemente. A menudo, los internos se desplazan a otros centros cuando reciben la sentencia firme o salen en libertad mientras el proyecto está en marcha. Por este motivo, llevamos a cabo una constante labor de difusión y sensibilización dentro del centro para dar a conocer el grupo a las personas recién llegadas. Nuestro objetivo es que cualquier padre o madre, desde el primer momento del ingreso, conozca que dispone de ese espacio de soporte.
¿Y qué actividades realiza?
Nuestra labor incluye un abanico de actividades transversales que refuerzan el vínculo y el rol educativo. Hemos impulsado el proyecto de cuentacuentos y la creación de postales digitales de Navidad para mantener el vínculo afectivo. También hemos llevado a cabo el 'Cine en familia', donde las personas internas se implicaron preparando entradas personalizadas para sus hijos e hijas, y sesiones de mindfulness para trabajar el equilibrio emocional. Por otra parte, organizamos charlas de escritores especializados en etapas como la adolescencia y colaboramos con la biblioteca del centro para acercar bibliografía sobre crianza y parentalidad a las personas interesadas.
Cuando un padre o madre entra en un centro penitenciario, como le afecta esto en la relación con su familia, ¿qué miedos le pueden surgir en este primer momento?
Cada caso es único, pero la preocupación central suele ser cómo comunicar la ausencia. Mientras muchos progenitores optan por el silencio por miedo al juicio ya la culpa, en otras ocasiones nos encontramos con una baja percepción del impacto real que la situación de ingreso en el centro penitenciario tiene en el desarrollo del niño/a. A este escenario se suman miedos profundos como la pérdida del referente parental o la estigmatización social. Desde el grupo, trabajamos para vencer estas limitaciones y recomendamos apostar por la verdad adaptada a la edad, puesto que el secreto genera inseguridad a largo plazo. Para ello, les acompañamos a gestionar este momento y les ofrecemos recursos comunicativos y literatura específica para abordar su realidad de forma honesta y saludable.

¿Y una vez que ha pasado esta primera fase?
Una vez superada la fase inicial de sensibilización, pasamos al acompañamiento integral. Todas nuestras intervenciones, desde las reuniones de seguimiento hasta las actividades grupales, tienen como objetivo prioritario el mantenimiento y fortalecimiento del vínculo familiar, poniendo el foco en la corresponsabilidad parental a pesar de la distancia. Esta tarea se materializa especialmente en la gestión emocional de los encuentros: trabajamos la pre-visita para ajustar expectativas, el contacto directo para fomentar una comunicación positiva, y la post-visita para procesar la ausencia del retorno al módulo. Nuestro propósito es garantizar la calidad y estabilidad del vínculo, ofreciendo un espacio de reflexión sobre la responsabilidad propia de cada padre o madre en la vida familiar y velando, por encima de todo, por el bienestar de los niños y niñas.
¿Cómo lo hizo durante los encuentros sin actividades, sólo espacios con la familia?
En las comunicaciones y visitas familiares programadas en el centro, nuestro objetivo es humanizar el entorno para facilitar un espacio de convivencia lo más natural posible. Hemos habilitado zonas específicas con recursos lúdicos seleccionados por franjas de edad, que funcionan mediante un circuito de entrega organizado. Esta disposición permite que el niño disfrute de un espacio de juego seguro y tranquilo, mientras los adultos disponen de la pausa necesaria para mantener conversaciones. De esta forma, facilitamos que el padre o madre asuma su rol y vele por el bienestar de su hijo/a, minimizando el impacto emocional del contexto penitenciario durante todos los espacios de encuentro con la familia.
¿Hacen acompañamiento a los niños y niñas?
Aunque nuestro foco es la persona interna, también hacemos el acompañamiento a las familias y los niños y niñas. Durante las horas de los encuentros, conocer previamente sus historias, puede crearnos un vínculo de proximidad inmediato. Este reconocimiento personalizado genera gran tranquilidad a las parejas e hijos. Saber quiénes somos y cómo trabajamos ayuda a ver que sus familiares están acompañados por profesionales que velan por su bienestar. Esto hace que el momento de la despedida, aun siendo emotivo, sea mucho más sereno.

¿Al final se trata de que, independientemente de la situación, siga habiendo familia?
Exactamente. El objetivo es que la distancia física no se convierta en una ausencia emocional ni una renuncia a la responsabilidad educativa. Trabajamos para que los progenitores mantengan su rol activo a través de todos los canales disponibles: desde los vis-à-vis y las comunicaciones telefónicas hasta las actividades que generan una presencia simbólica en la vida cotidiana de los niños y niñas. Un ejemplo de ello son los detalles de cumpleaños: mediante la colaboración con el grupo de Artes Plásticas, se preparan tartas simbólicas para fotografías de felicitación para enviar a casa. Estos gestos recuerdan a los hijos que, pese a la separación, su padre o madre está presente y los tiene en mente. En definitiva, perseguimos que esta etapa de reclusión sea sólo una pausa física, pero que el vínculo afectivo y el compromiso parental siga creciendo y fortaleciéndose.
Este 15 de mayo es el Día Internacional de las Familias. A menudo, cuando pensamos con una familia éste no es el prototipo que nos viene a la cabeza en un primer momento, pero ¿por qué es importante darles una respuesta para que puedan mantener el vínculo familiar?
Es fundamental porque la familia es un ancla poderosa para la reinserción. Saber que fuera hay alguien que te espera, que te necesita y cuenta contigo, da un sentido de propósito y reduce la reincidencia. El vínculo familiar no es sólo un soporte moral; es el motor que impulsa el cambio personal. Por otra parte, desde la perspectiva de la infancia es un derecho y una necesidad esencial para su desarrollo. Aunque el padre o la madre no esté físicamente de forma momentánea, mantener viva su figura y referencia es clave para la estabilidad emocional de los hijos e hijas. Dar una respuesta a estas familias, más allá del prototipo convencional, es reconocer que el vínculo afectivo es el que realmente nos sostiene como sociedad y que, a pesar de los muros, la función parental puede y debe seguir siendo ejercida con dignidad.