La investigación nace de la colaboración entre el departamento de Justicia, la Universidad Autónoma de Barcelona, la Universidad de Barcelona, así como de distintas entidades catalanas que trabajamos para la reinserción social
Las personas privadas de libertad ansían recuperar la vida más allá de las cuatro paredes, pero volver a vivir en sociedad después de un ingreso en un centro penitenciario, a menudo, no es fácil. A los obstáculos burocrátricos, a la búsqueda de empleo o de vivienda, a menudo se le añade la falta de una red de apoyo. Ante esto, ¿cómo puede favorecer un vínculo humano a la reinserción social?
Ésta fue la pregunta que motivó a los dos catedráticos José Cid, de la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB), y Antonio Andrés Pueyo, de la Universidad de Barcelona (UB), a llevar a cabo una investigación sobre si el acompañamiento durante un año de una persona mentora podía favorecer la reinserción social de las personas privadas de libertad y evitar su reincidencia.
Un estudio pionero que no han desarrollado solos, sino que también ha contado con la participación del Departamento de Justicia y diversas entidades sociales, entre ellas Suara Cooperativa.
En este contexto, a raíz de nuestra experiencia en el sector y con la labor que ya desarrollábamos con personas privadas de libertad, desde Suara Cooperativa aportamos hasta 15 personas voluntarias que quisieron participar en este estudio, las cuales han estado acompañadas por mentores de la asociación de Voluntariado de la Acción Social (VAS).
Principales conclusiones
A pesar de que este proyecto se inició hace diez años, las principales conclusiones no se han extraído hasta ahora porque ha sido necesario realizar un seguimiento de cuatro años a las personas participantes para realizar un análisis de su evolución y ver si reincidían o no.
Por un lado, se ha podido constatar que cuando una persona tiene un riesgo bajo de reinserción, la mentoría funciona, ya que consigue reducir la reincidencia y frena de forma directa las conductas antisociales. A través de un vínculo tan sencillo como tener una persona que escucha, con quien poder tomar un café o que acompaña en la rutina, reduce la ansiedad del regreso a la calle, mejora la autoestima de los participantes y les ayuda a construir una nueva identidad completamente alejada del pasado delictivo.
Por otra parte, en el caso de las personas que tienen un riesgo medio o alto de reincidencia, sea porque sus conductas sea entornos son más complejas, el acompañamiento de una mentoría no es suficiente. La calidez y el apoyo humano de una persona mentora comunitaria es una herramienta para la reinserción, pero, también, se necesitan programas integrales que sumen la intervención técnica especializada como son el apoyo psicológico, la formación, la orientación laboral o el acompañamiento en la búsqueda de vivienda, entre otros.
Por último, el estudio también revela que la reinserción no debe ser una cuestión cerrada donde intervenga exclusivamente la administración penitenciaria, sino que la participación de estas personas voluntarias en la figura de mentoras, también, denota la importancia que tiene implicar a la ciudadanía en los procesos de reinserción para que las personas privadas de libertad tengan una oportunidad de construir una nueva vida: la vuelta a casa sea más cálida, humana, real y segura.