Cuando hablamos de calidad educativa en las escuelas infantiles, pensamos en el bienestar de los niños y niñas, en los vínculos que establecen, en los espacios de aprendizaje y en la mirada pedagógica que acompaña su desarrollo. Pero hay otra dimensión que también es fundamental: cómo cuidamos, acompañamos y favorecemos el crecimiento profesional de las personas que hacen posible esta educación cada día.
La etapa de 0 a 3 años requiere una gran sensibilidad educativa, capacidad de observación y conocimiento del desarrollo infantil. Las profesionales toman decisiones constantemente, interpretan necesidades, acompañan emociones y construyen vínculos con los niños y niñas y sus familias. Es un trabajo que exige preparación, reflexión y una actualización continua de los conocimientos.
Porque educar también implica seguir aprendiendo.
Compartir experiencias para transformar la práctica educativa
El conocimiento pedagógico no se construye únicamente a través de la formación teórica. También nace de la experiencia cotidiana, de las preguntas que nos planteamos ante situaciones concretas y de la posibilidad de contrastar nuestra mirada con la de otras profesionales.
Cada escuela infantil es un espacio de aprendizaje, también para sus equipos. Pero cuando esta experiencia se comparte con otros centros, las oportunidades de crecer se multiplican. Conocer otras formas de trabajar, descubrir recursos, identificar dificultades compartidas o reflexionar conjuntamente sobre una práctica educativa nos ayuda a ampliar perspectivas e incorporar mejoras.
Con esta mirada, en Suara Cooperativa impulsamos cada año una jornada que reúne a las profesionales de las escuelas infantiles que gestionamos. Es un espacio para reencontrarnos, compartir experiencias, formarnos y, sobre todo, dedicar tiempo a pensar conjuntamente sobre nuestra práctica educativa.

En la cuarta edición, más de 180 profesionales participaron en un encuentro centrado en la observación pedagógica y la documentación de los procesos de aprendizaje de los niños y niñas. Las experiencias compartidas por diferentes escuelas y el trabajo desarrollado en el marco del proyecto Building Thought permitieron reflexionar sobre cómo observamos el desarrollo infantil y cómo trasladamos esta mirada a las familias.
Una fotografía, una observación o un relato sobre lo que hace un niño o una niña pueden parecer elementos sencillos, pero detrás hay decisiones pedagógicas importantes. ¿Qué observamos? ¿Qué queremos explicar? ¿Cómo hacemos visible el aprendizaje sin perder de vista la singularidad de cada niño o niña? Poder compartir estas preguntas nos ayuda a revisar y enriquecer nuestra manera de acompañar.
La formación también es una manera de reconocer a las profesionales
En un sector que afronta retos importantes, generar espacios de reflexión y desarrollo profesional es también una manera de poner en valor el trabajo de los equipos educativos.
Las profesionales de las escuelas infantiles no solo necesitan herramientas y conocimientos actualizados. También necesitan oportunidades para compartir inquietudes, contrastar experiencias y sentirse parte de una comunidad educativa que aprende y evoluciona conjuntamente.
Estos espacios contribuyen a reforzar los vínculos entre equipos, a reconocer el conocimiento que se genera en las aulas y a dar visibilidad a una labor que a menudo queda limitada a la cotidianidad de cada centro.
Por eso, la formación continua no debería entenderse como una actividad puntual ni como una responsabilidad exclusivamente individual. Debe formar parte de una cultura educativa que favorezca el aprendizaje compartido y disponga de tiempo y espacios para hacerlo posible.
Cuidar a los equipos es cuidar la calidad educativa
Después de treinta años de trayectoria en el ámbito de las escuelas infantiles, tengo claro que una educación de calidad necesita profesionales preparadas, pero también equipos que se sientan escuchados, reconocidos y acompañados.
Las jornadas anuales son una expresión de esta manera de entender la educación: un espacio donde el conocimiento circula, las experiencias se ponen en común y las profesionales se convierten en protagonistas de la mejora educativa.
Porque acompañar a los equipos no es solo ofrecer formación. Es reconocer su experiencia, confiar en su capacidad de reflexión y generar las condiciones para que puedan seguir creciendo.
Y cuando las profesionales tienen oportunidades para aprender, compartir y avanzar juntas, también contribuimos a enriquecer la educación que reciben los niños y niñas.
Porque cuidar la primera infancia también significa cuidar a las personas que la acompañan.
Mireia Miralles | Linkedin
Directora Operativa y maestra de Educación Infantil